Consistía básicamente en realizar "algo" con un graffiti en el medio.
Salió esto, una historia y un vídeo que la respalda un poquito.
Despertar mi subconsciente
Era un placer dibujar, pintar graffitis, rayar las paredes, plasmar mensajes y mostrárselos al mundo. Pero nada de esto era posible.
Solía frecuentar la placita del barrio, y ver los bosquejos que allí se encontraban, esos que en mi memoria sonaban familiares, los colores que me atrapaban, líneas y trazos… eran como si hubiesen salido de mi mano. Quizás los sentía propios por la frustración que invadía mi ser al no poder plasmar mis ideas en esos muros vacíos que esperaban por el delirio de algún artista o simplemente de alguien que exprese su idea de revolución y liberación. Las horas que perdí tratando de encontrar el significado de eso que para los demás solo era un delito, tratando de descifrar quien podría dibujar eso que sentí tan personal. Las horas que perdí… o gané.
Me encontraba una tarde en la oscuridad de mi cuarto, cansado de ese encierro trate de simular libertad, había una sensación rara que me agobiaba e impulsivamente abrí la ventana para respirar mejor. Repentinamente me di cuenta que lo que estaba haciendo no era normal, esas ventanas no se abrían desde hacía varios años, sin embargo lo deje así, e inclusive salí al balcón para observar el cielo, el sol se estaba escondiendo… con la melancolía brotando por mis poros rápidamente entre a mi cuarto y empecé a dibujar. De mi mano fluían los colores, las líneas, los puntos y las formas, era un impulso, una sensación de liviandad. Después de un par de horas de trabajo mi dibujo estaba completo.
Estaba cansado y me tire en la cama para observar mi obra terminada. Miraba y sentía algo, miraba… observaba, analizaba… mis ojos empezaron a moverse rápido, nerviosos, sentía la sangre correr por mis venas, gotas de sudor comenzaron a deslizarse por mi frente. Rápidamente descubrí que está desesperación era consecuencia de un recuerdo, un recuerdo temprano, un recuerdo de esta tarde; esta misma tarde había visto algo muy similar en la plaza del barrio. Era su secuencia.
Necesitaba urgente revelar este misterio que me invadía, ese fue el detonante para pasar la noche allí, analizando cada uno de los dibujos.
Cerré los ojos por un momento, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, abrí los ojos y me encontré trazando esos graffitis, fue entonces cuando comprendí porque los sentía tan propios. Eran mis colores, mis pinceles, trazos y líneas. Eran mis graffitis.
Autoras:
Carassai, Florencia.
Carlomé, Agustina.
D’Angelo, Virginia.
Sebastián, Tania.

